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Talking Brain ¿una verdadera conversación con nuestro cerebro?

El nacimiento del lenguaje humano se debe gracias tanto a la lengua oral como a la lengua de signos, en un mismo nivel de manera que una influyó en el desarrollo del sistema lingüístico de la otra, de forma indistinta y jerárquicamente equivalente. Es la teoría de la hipótesis gestual del origen del lenguaje, planteada por primera vez por Wiliam Stokoe en Sign Language Structure: An Outline of the Visual Communication Systems of the American Deaf, y desarrollada posteriormente por otros lingüistas.

La exposición Talking Brain de Cosmocaixa prometía “una experiencia inmersiva” en las lenguas del mundo, incluyendo también las lenguas de signos. Acudimos con la expectativa de si era cierto que la perspectiva científica de la muestra recogía la teoría del lenguaje oral y signado.

La exposición se divide en dos partes; por un lado, se explicaba el procesamiento del lenguaje, su aparición en la especie humana, y su adquisición en la vida del individuo. Y por el otro lado, la exposición permitía profundizar en lo referido al cerebro humano.

Apenas llegando a la entrada, un muro lleno de diferentes pantallas ofrece vídeos de personas dando la bienvenida en la lengua de signos de diferentes partes del mundo, así como también en lenguas orales. “Hablan en lengua de signos española, catalana, francesa, holandesa”, me indica mi compañero sordo hablante lengua de signos. “La lengua de signos holandesa es preciosa”, remarca. Ante mi instintiva pregunta del por qué de tal apreciación desde la visión de un hablante oral, me argumenta que los gestos y movimientos son más bellos y suaves.

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CosmoCaixa-Talking Brains- Autoría: Montxo Vicente

Al entrar, la exposición ofrece unas tarjetas programadas con la que se pueden activar las diferentes pantallas que se encuentran a lo largo de la exposición. Catalán, castellano, inglés, francés y lengua de signos catalana, los idiomas con los que se mostraba el contenido de los monitores. Los idiomas se muestran una detrás de otra sin más distinción, un detalle que nos gusta.

Después de examinar un mural donde se podían ver las diferentes familias lingüísticas, ante nuestros ojos se abre un pasillo en cuyos lados hay figuras que representan la evolución humana. El Austrolopithecus en concreto, el más veterano de la exposición, provoca cierta expectación y asombro en los más pequeños. Pero antes de pasar entre las figuras, nos llama la atención la luces y sonidos que salen de un cubículo que se encuentra justo a nuestro lado. Allí nos encontramos con pantallas que muestran imágenes de un simios, abejas, castores y otros animales comunicándose con los de su misma especie utilizando el lenguaje de forma compleja.  Además, la exposición ofrece información complementaria que acompaña a las imágenes para los más curiosos.

Ahora ya sí, caminamos entre las diferentes representaciones de la evolución humana donde también están hay representaciones de las herramientas o utensilios que utilizaban para cazar o cortar en su época.  Estos objetos muestran la evolución de la capacidad del pensamiento abstracto en paralelo a la evolución de la especie humana.

Casi sin darnos cuenta, nos adentramos en un espacio cubierto alumbrado únicamente por una luz rojiza bastante intensa. Algo aturdidos por la luz y el cambio de brusco en la exposición, vemos que nos encontramos dentro del útero de la madre representado a partir de las luces sensoriales. Es a partir del tercer mes de embarazo que el feto ya puede oír las palabras de su madre. “Y si el feto tiene sordera genética, ¿cómo vive en el útero?”, pregunta mi compañero, sin poder recibir una respuesta en la proyección efectista.

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CosmoCaixa-Talking Brains- Autoría: Maria Poveda Rodríguez

Pasamos del mismo útero de la madre a otro espacio distribuido en forma de pinball donde zigzagueamos rebotando de juego en juego lingüístico. Cada parada representaba un reto a superar, una prueba lingüística, cuyas respuestas te llevaban a otra parada.

De parada en parada llegamos una penúltima sala repleta de imanes con imágenes de la vida cotidiana enganchadas. Pictogramas de manos, comida, un niño, una niña, zapatos, lugares etc. Todo aquello servía para ilustrar un método que una madre había puesto en marcha con el fin de comunicarse con su hijo con trastornos trastorno auditivos y autismo. Decidimos probarlo y ponernos en la piel del niño formando frases a partir de los pictogramas, pero no es tan sencillo. Coloco los pictogramas siguiendo las normas de gramática española pero mi compañero me modifica el orden explicando que las frases en lengua de signos se forman diferente que en lengua oral: “el complemento directo, que se encuentra al final de la frase en castellano oral, pasa a ocupar la primera posición en lengua de signos española”.

Llegamos hacia la segunda parte de la exposición, una experiencia inmersiva en el funcionamiento a gran escala del cerebro humano. Para empezar, nos adentramos en la realidad virtual gracias a las gafas de realidad aumentada, el oculus rift.  Nos sentamos en el interior de una infraestructura en forma de cráneo vacío y nos colocamos la gafas especial, nos adentrábamos en el cerebro. Vimos con nuestros propios ojos el nacimiento del feto y como consecuencia, su desarrollo comunicativo.

A partir de aquí, la exposición alaba la eficiencia con la que el cerebro trabaja en comparación con las máquinas de computación más avanzadas en la actualidad. Así es como nos vamos acercando cada vez más al final de la exposición hasta que acabamos saliendo de esta.

Una vez vez fuera, evaluamos la exposición en conjunto y llegamos a la conclusión de que la primera parte está más trabajada que la segunda ya que todo tiene un orden y una relación con el seguimiento de la exposición. En cambio, en la segunda parte, el espacio era mucho más abierto y no entendíamos qué tenía que ver lo que se mostraba con el objetivo de la segunda parte: el funcionamiento del cerebro humano.

Aún y así, tenemos la sensación de haber conocido un poco más a nuestro propio cerebro pero a la vez con un sabor algo amargo por no habernos obtenido toda la inmersión que esperábamos en la lengua de signos. Según Cosmocaixa, se dispondrían interpretes para realizar visitas a personas sordos o con trastornos auditivos cosa que no tuvimos el placer de ver aunque nos hubiese gustado. Quizás algo más de información por parte de la exposición hubiese ayudado a ajustar al mismo nivel la lengua oral con la lengua de signos, a entender que la segunda no se trata de una deficiencia de la primera.

Maria Poveda Rodríguez

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